
SEGUNDA CINTA: DONDE SE EXPLICAN LA DEPAUPERACION ABSOLUTA Y COMO EL FRACASO -Y EL TRIUNFO- DEL "CAPITALISMO REAL" HAN HECHO QUE EL MUNDO SEA UNA MIERDA)
Como el capitalismo empobreció en sus primeros siglos
a los obreros de los países del centro y por que está
empezando a volver a hacerlo (Enlace)
En primer lugar sería útil que volvieras atrás
en esta cinta y vuelvas a oír como te he dicho que el capitalismo
empezó a usar la solución de aumentar la demanda
solvente de sus productos aumentando los salarios de los obreros
de los países del centro de la economía-mundo capitalista
a partir de la mitad del siglo XIX. Más o menos,
y entonces sólo en la potencia hegemónica, en la
Gran Bretaña, extendiéndose después paulatinamente
a los demás países del centro de la economía-mundo
capitalista.
Es muy importante que te fijes bien en ello. Porque entonces podrás
entender claramente que la evidencia de la mejoría
real (es decir, calculada eliminando el factor de aumento de los
precios que no se advierte si uno se fija sólo en la mejoría
nominal-monetaria) de los salarios de los trabajadores no sólo
está limitada en la geografía. No sólo está
limitada a los países del centro y a delgadas capas de
trabajadores en otros sitios. Sino que está también
limitada en el tiempo.
En efecto. Se limita al último siglo y medio del capitalismo real. A la fase del capitalismo que se llama imperialismo (cuya identificación debemos al genio de Lenin). A la fase en la que las potencias del centro de la economía-mundo capitalista extendieron la dominación y la explotación capitalista colonial a toda Africa y a extensas zonas de Asia y del Pacífico e incrementaron la explotación capitalista neocolonial de América Latina. Compensando el aumento de los salarios reales concedido a los trabajadores del centro del sistema mundial con el aumento de la extracción de plusvalía, con la apropiación de mayores porciones de excedente, con el mayor robo de trabajo (y de su fruto) en aquellas áreas.
Si entiendes bien eso comprenderás que la evidencia
de la mejoría real de la situación de los trabajadores
en el centro del sistema es, a la vez, la apariencia que
enmascara y disfraza la realidad de la depauperación
absoluta que hoy se sigue produciendo a escala global, a escala
planetaria.
Una depauperación absoluta que, por cierto (y ese
es el segundo fenómeno importante que me importa que entiendas)
igualmente se produjo en los países del centro durante
los tres siglos y medio iniciales del capitalismo histórico.
Escucha con atención: tenemos pruebas de que el
capitalismo empeoró la situación de los trabajadores
europeos en los primeros siglos de su existencia. Es decir tenemos
pruebas de que la depauperación absoluta se produjo también
en Europa en la primera época del capitalismo. Verás.
En 1803 alcanzaba su sexta edición una obra de Richard
Price en la que se decía lo que te leo a continuación:
"El precio nominal de la jornada de trabajo no
es actualmente más que 4 ó a lo sumo 5 veces mayor
que en el año 1514. Pero el precio del trigo se ha septuplicado,
el de la carne y el de la indumentaria se multiplicaron por 15.
El precio del trabajo, por consiguiente, se ha quedado tan atrás
con respecto al incremento experimentado por el costo de la vida,
que en proporción a este costo su monto parece no ser ni
siquiera la mitad de lo que era antes".
Y una obra monumental aparecida en 1960, que ha estudiado la historia de Europa Occidental del año 500 al año 1850, contiene un cuadro que presenta los salarios reales por día de un carpintero inglés medidos en kilogramos de trigo en cada uno de los períodos de cincuenta años, desde el período 1251-1300 al período 1801-1850. Mediante números índices. De forma que, haciendo igual a 100 el salario del período 1721-1745, el máximo (155,1) lo encontramos en 1401-1450. Es decir, en los cincuenta años anteriores al surgimiento de la economía-mundo europea capitalista. En los períodos de cincuenta años sucesivos el salario real va bajando hasta un mínimo de 48,3 en 1601-1650 para recuperarse luego pero siendo todavía de sólo 94,6 en 1801-1850.
Te ahorro el detalle de la larga serie de concienzudas investigaciones
históricas que han demostrado que el consumo de carne por
los europeos descendió continua y considerablemente
en el período que va de 1400 a 1750. El consumo de
pan desplazó al consumo de carne precisamente hasta mediados
del siglo XIX. La dieta de los europeos empeoró
precisamente coincidiendo con el arranque y consolidación
de la economía-mundo capitalista. De 1400 a 1750 Europa
fué una gran consumidora de pan y en más de la mitad
vegetariana. La situación de 1750 -mucho pan y poca carne-
suponía un evidente deterioro respecto de la última
época del feudalismo.
Wallerstein, ese profesor de Sociología de quien te he
dicho que yo creo que es el Marx del siglo XX, comenta esos datos
afirmando rotundamente que "los trabajadores europeos pagaron
parte de los costos del desarrollo económico europeo".
Y son esos mismos datos los que fundamentan su penetrante iluminación
del sentido que ha tenido el capitalismo como salida histórica
de la crisis del feudalismo. Esa crisis suponía simultáneamente
la mejoría de la situación de los campesinos (de
los trabajadores, de los dominados y explotados por los señores
feudales) y el deterioro de la situación de la clase dominante.
Wallerstein ha escrito, en efecto, que "podemos ver, comparando
la Europa de 1650 con la de 1450, que ocurrieron las siguientes
cosas. En 1650, las estructuras básicas del capitalismo
histórico como sistema social viable habían sido
establecidas y consolidadas. La tendencia hacia la igualación
de las recompensas había sido drásticamente invertida.
Los estratos superiores se habían hecho de nuevo con el
control de la política y de la ideología. Había
un nivel razonablemente alto de continuidad entre las familias
que formaban parte de los estratos superiores en 1450 y las que
formaban parte de los estratos superiores en 1650. Además,
si sustituyéramos la fecha de 1650 por la de 1900, encontraríamos
que la mayoría de las comparaciones con 1450 seguían
siendo válidas. Fue sólo en el siglo XX cuando hubo
algunas tendencias significativas en una dirección diferente,
signo como veremos de que el sistema histórico del capitalismo,
tras cuatro o cinco siglos de florecimiento ha entrado
finalmente en una crisis estructural".
Fíjate bien, por favor: una crisis estructural sobreviene
cuando las contradicciones internas se exacerban, se agravan por
el propio juego y desarrollo de los procesos internos de un sistema.
Es entonces cuando los sistemas históricos, que un día
nacieron y por esos precisamente son históricos y no eternos,
mueren. Wallerstein ha sentenciado lapidariamente que:
"El capitalismo histórico entró en su crisis
estructural a comienzos del siglo XX y probablemente verá
su defunción como sistema histórico en algún
momento del próximo siglo".
¿Tengo necesidad de decirte que estamos viviendo una crisis
económica mundial?. Supongo que no porque sus efectos (cierres
de empresas, aumento del paro, dificultad creciente de encontrar
trabajo, miedo, empobrecimiento y angustia) están agudamente
patentes en este Sur de Euskal Herria en el que vivimos tú
y yo. Y de la crisis económica mundial hablan constantemente
tanto los periódicos, la radio y la televisión como
las amas de casa al hacer la compra o al servir la comida en casa.
Pero sí quiero advertirte que la actual crisis económica
mundial es tan grave o más que la famosa crisis que comenzó
en 1929 y que el cine ha hecho archiconocida al mostrarnos en
numerosas películas el clima de la Gran Depresión
en los Estados Unidos. Te daré un solo botón de
muestra: la Bolsa de Tokio es la del estado que es hoy -y desde
hace ya nueve años- el primer exportador de capital del
mundo, el primer inversor mundial, que se ha convertido en una
superpotencia comercial y financiera, que ha superado ya hace
cinco años a Estados Unidos en renta per cápita
y que es el líder en muchísimos y decisivos campos
de la alta tecnología. Pues bien, esa Bolsa de Tokio ha
perdido entre 1989 y 1992 un 56%. Esa caída de la Bolsa
de Tokio es mayor que la caída de la Bolsa de Wall
Street de Nueva York entre 1929 y 1932.
La gravedad de la actual crisis económica mundial, lo que
la hace más grave que la de 1929, consiste precisamente
en que es una expresión de la crisis estructural del capitalismo
como sistema histórico y en que la salida de la crisis
de 1929 no hizo sino acelerar la mercantilización de todas
las cosas y llevar hasta abarcar ya casi totalmente todo el planeta
aquella expansión de la economía-mundo capitalista
europea comenzada cinco siglos atrás. Mercantilización
y planetización que son precisamente quienes mueven y agravan
la crisis estructural.
El problema para los capitalistas es que ahora ya no es posible
buscar para la crisis económica mundial la solución
con la que la gran crisis económica del siglo XIX (la de
1873) pudo ser remontada. Entonces se pudo producir la expansión
imperialista sobre extensas tierras de Africa y Asia de las que
arrancar riquezas minerales y sobre nutridas poblaciones a las
que se pudo extraer plusvalía imponiéndoles por
la fuerza salarios bajos y aplicando la ley del valor mundializado.
Entre 1880 y 1902 el Imperio Británico se apodera de otros
catorce millones de kilómetros cuadrados. Francia, Alemania,
Italia, Bélgica y hasta la débil España participan
en el "reparto de Africa".
Pero ahora ya no quedan en el planeta suficientes nuevas
tierras que colonizar con nuevas masas de hombres y de mujeres
a los que aumentar la explotación para que la plusvalía
que se les arranque permita, a la vez, restaurar la tasa de ganancia
y repartir una parte a los obreros de los estados del centro de
la economía-mundo mejorándoles los salarios. Por
eso los estados del centro han empezado a AUMENTAR la explotación
de sus propios obreros. Por eso están convirtiendo
los empleos fijos en temporales, por eso están aumentando
el paro, despidiendo mujeres, jóvenes y viejos, por eso
están anulando y rebajando lo que fueron conquistas de
su proletariado en el pasado. Por eso están recortando
los gastos en la Seguridad Social, haciendo pagar las medicinas,
desmontando el famoso y mal llamado Estado de Bienestar.
Por eso aumentan en flecha sus pobres y miserables en las mismísimas
calles de las poderosísimas ciudades capitales de ese capitalismo
real tan triunfante.
No sé si habrás notado que hace un momento he hecho
hincapié al pronunciar la palabra suficientes cuando
te decía que ya no quedaban en el planeta suficientes
nuevas tierras que colonizar. No he hecho ese énfasis por
casualidad. Sino porque ese matiz es necesario. Es imprescindible.
Porque sí quedan en el planeta nuevas tierras de
ésas. Tan es cierto que quedan que ése es el peligro
que amenaza a los habitantes de la ex-URSS y de los países
del ex-Pacto de Varsovia. El de que las potencias del centro de
la economía-mundo capitalista consigan latinoamericanizarlos.
Consigan someterles, tras pasarles por el baño purificador
de una época de hiperinflación que les destruya
la capacidad adquisitiva de los sueldos y les sumerja en la miseria
y en la desesperación, a una feroz explotación de
su trabajo con salarios muy bajos, tan bajos como los latinoamericanos.
Que supondrían aún mayor extracción de plusvalía
habida cuenta de que su preparación es mucho más
alta (cultural y profesionalmente hablando) que la de los latinoamericanos
como consecuencia de la universalización de la enseñanza
secundaria y de la preocupación por la instrucción
en el régimen soviético.
De hecho ya han comenzado a hacerlo. Han comenzado a aplicar en
el territorio europeo esa famosa deslocalización
de empresas de la que seguro que has oído hablar pero
de la que se habla sobre todo refiriéndose al translado
de empresas de Europa, Norteamérica o Japón a Asia,
a Africa o a Sudamérica y Centroamérica. Pero que
ya se está aplicando ferozmente en Europa, deslocalizando
empresas de la Europa de los Doce (ahora de los Dieciséis)
para localizarlas en los países del antiguo Pacto de Varsovia.
Los capitalistas alemanes fingen alarmarse: "Hong Kong
está ahora a sólo 80 kilómetros al este de
Berlín" le dice un empresario alemán al
jefe de información económica de Die Zeit.
Porque polacos, eslovacos y húngaros producen con sueldos
que representan una décima parte de los costes laborales
de los alemanes occidentales y una quinta de los ingresos de los
germanos orientales. En 1992, dicen los empresarios alemanes,
un trabajador alemán cuesta 3.575 marcos al mes en salarios
y sueldos y otros 3.000 marcos en Seguridad Social, premios, jubilaciones,
salarios hasta la sexta semana en caso de enfermedad, etc,etc.
Total: 6.575 marcos. Un trabajador húngaro cuesta sólo
662 marcos (403 de salario y 259 de costes añadidos); uno
ex checoslovaco 401 (254 y 147); uno polaco 367 (218 y 149); uno
rumano 188 (125 y 63); uno búlgaro 173 (112 y 61) y uno
ruso 95 (58 y 37). Los capitalistas alemanes, que es claro que
son antes capitalistas que alemanes, han hecho sus cuentas y,
según el Sindicato del Textil alemán, prácticamente
todos los empresarios del sector fabricaban ya en 1993 en la República
Checa. Porque una costurera-modista gana 200 marcos mensuales,
una décima parte del salario bruto que percibiría
en Alemania. Y sólo en 1992 se perdieron 18.000 empleos
textiles en Alemania occidental y no quedaban ya más que
20.000 empleados en la industria de la confección en la
Alemania oriental que antes de la reunificación sumaba
216.000 empleados en esa industria. Y es así como la empresa
de tejidos de punto Wolfgang März fabricaba ya en 1993 cuatro
de cada cinco de sus jerseys de punto en Hungría. O como
el grupo textil Hof iba a cerrar en Alemania su fábrica
de alfombras, un taller de blanqueo y una hilandería para
transladarse a la República Checa. O como la mayoría
de los 10.000 obreros del sector textil alrededor de Olomouc (a
200 kilómetros al este de Praga) producían ya en
1993 para empresas occidentales alemanas, italianas y holandesas.
Por ejemplo abrigos y faldas para el fabricante de Munich Bogner.
Naturalmente eso plantea un problema a los obreros y obreras alemanes
lanzados al paro. Pero también plantea un problema a los
capitalistas alemanes (el clásico problema del capitalismo,
su contradicción estructural que conduce a la crisis por
la coincidencia de sobreproducción y subconsumo, por falta
de demanda solvente para la sobrecapacidad de producción).
Porque cobrando lo que cobra es dudoso que la costurera-modista
checa pueda comprar lo que ella misma fabrica y dudoso también
que los alemanes parados estén animados (o capacitados)
para comprarlo. Pero ese riesgo no es un riesgo a corto plazo
y además los capitalistas piensan que tienen solución
para ello. Los planes que los capitalistas de los Estados del
centro hacen (e incluso publican) respecto de esos 400 millones
de habitantes de la Europa central y del Este son incluso más
sofisticados. Parten del hecho de que esas personas y sus familias
poseen hoy una porción muy pequeña de los automóviles,
electrodomésticos y maquinaria agrícola que son
corrientes incluso en las zonas pobres del planeta (al menos entre
las capas altas y medias altas). Saben que el ansia por la posesión
de esas cosas está creciendo y que incluso esa posesión
se sueña (y se ofrece demagógicamente por los nuevos
dirigentes) como el "premio" por haber abrazado la fé
capitalista. Y la latinoamericanización que planean para
esa masa de mano de obra implica una fuerte desigualdad de las
remuneraciones. Que genere enseguida una "aristocracia obrera"
capaz de pagarse el coche y los electrodomésticos. Aunque
no pase de ser el 15% de la población total y se alce sobre
la superexplotación del resto, eso supondría sesenta
millones de nuevos consumidores solventes. Y el resto, los 340
millones de superexplotados, también comprarían
alguna cosa.
Y también quedan nuevas tierras de ésas para neocolonizar
en Asia. Por un lado ésa es -como veremos después-
buena parte de la explicación de las masivas inversiones
de capital en los "siete dragones asiáticos".
Por otro lado, así es como muchos sueñan con neocolonizar
la inmensa China.
La clave de la crisis estructural del capitalismo es que todas
las tierras y las gentes que quedan por superexplotar no sean
suficientes.
Se nos acaba la cinta. Voy a dejar para la próxima el que
tú y yo revisemos la"tercera mentira".
Que es la que usa la evidencia del hundimiento y desaparición
de la URSS como prueba "histórica" de que el
capitalismo es mejor que el socialismo y de que el marxismo ha
fracasado. Hasta la próxima cinta, pues.